¿Y A MÍ QUIÉN ME ADAPTA?
Publicado el 17/3/2017
 

Estaría necesitando un curso intensivo para aprender a adaptar, alguien que me tire algunas coordenadas para saber cómo avanzar en esta caótica tarea para la cual soy pésima. Tengo dos hijos inadaptados que no quieren saber nada con ir al jardín y que tienen una madre que también necesita adaptación para aprender a adaptar. Una auténtica manga de inadaptados, bah.

Pero cómo, ¿está en preescolar y necesita adaptación? La vecina, qué atinada en sus comentarios. Mi única respuesta fue una sonrisa exagerada y muy falsa. Es que jardín nuevo, amigos nuevos, caras nuevas, horario nuevo y escenario nuevo. Todo demasiado nuevo. Ya no son un par de horitas en un jardín rural, manso y parsimonioso, de calles de tierra, bicicletas y cantos de paloma a la hora de la siesta. Hoy es todo el día en un jardín en el medio de esta jungla de cemento, esta ciudad apurada y malhumorada, con bocinazos en vez de aplausos, con sirenas en vez de relinchos de caballo. "Quiero crecer para no tener que ir más al jardín". Si supieras, hijo mío, que a medida que crezcas todo se va poniendo más difícil y que hoy tu vida es un jardín de infantes, literal. "¿Qué hacías vos cuando estabas en sala de 5?" Entonces me senté, sus anteojos se le empañaron por las lágrimas y yo también empecé a llorar, pero para adentro. Porque una de las cosas que aprendés cuando sos mamá, es a llorar para adentro. Le conté que a mí también me cuestan los cambios, que no soy buena para los comienzos, pero que se quede tranquilo, que todo iba a estar bien. Creo que eso lo hizo sentir mejor porque sus lágrimas dejaron de caer.

Y cuando creo que ya estoy recuperada tengo que correr porque el pichón menor también tiene que llegar a su jardincito, y entonces se me vuelve a armar el nudo en la garganta y vuelvo a ser una ensalada de emociones. Porque mi bebé llora, me abraza con sus brazos regordetes y me mira pidiendo auxilio. Entonces, una vez más, empiezo a llorar para adentro y se me ocurre que algo estoy haciendo mal. Quizá les cueste porque a mí me cuesta, quizá no les doy la confianza suficiente o no les transmito seguridad, quizá tenga que cambiar la estrategia, dejar lo emocional de lado y escuchar un poco más a la razón. Pero ¿cómo se hace eso? ¿Sabrán que estoy llorando para adentro?

Después vuelven a casa, se reencuentran, se abrazan y sonríen. Se sienten a salvo, la angustia desaparece y las lágrimas se evaporan. Entonces dejo de ser una ensalada de emociones y me relajo, pensando que esto también va a pasar, tarde o temprano. Sí, somos una manga de inadaptados pero verlos sonreír cuando vuelven a su espacio me hace pensar que puedo hacer muchas cosas mal, pero ALGO estoy haciendo bien.

 

Fuente: Lifeinpics

 
 
 
 
 



Dejanos tu comentario

* Campos Requeridos