“El será niño sólo una vez”.
Publicado el 10/5/2018
 

Yo lo sé. Reconozco en ellos el paso rápido del tiempo. A un niño no lo ves en 6 meses y es otro ser. Crecen, cambian, de a poco se van soltando, aunque vos los quieras cerquita. Ya lo sé. Y se que no es una frase mal intencionada, pero a veces me da vértigo y culpa por no haber “disfrutado” tanto de esa tarde que pase con ellos. Perdonen tesoros míos, pero mamá hoy está molida, se le volaron las chapas y dijo cualquier cosa. Que estupendo tu barco pirata de almohadones, pero hoy estoy para el un dos tres sopa es.

El romanticismo maternal empalagoso es hermoso, pero la maternidad, para algunas no es sólo eso. 
En lo personal la maternidad me atravesó por completo. Nada es igual desde ese día. Y no me refiero a la superficialidad de mis ojeras y mi figura desfigurada, me refiero a todo eso que me hace sentir, tener a mi cargo dos personas, cuidarlos y correrme del centro de escena permanentemente. Sentir que sólo la puedo pasar bien, si ellos la están pasando bien. No se cómo explicarlo, me faltan palabras, pero no soy la misma. Y ahí me encuentro feliz y a veces sobrepasada, y a veces dubitativa, y a veces culposa, y a veces valiente y a veces cobarde y a veces aburrida y a veces abrumada. Y pasan los días y los veo crecer y no añoro lo que fueron, ni me imagino lo que serán, tan solo los veo y me veo, creciendo a la par, ellos y yo.

El lado B de la maternidad no son los pezones con grietas, noches de cólicos e ir al baño con ellos al lado tuyo. Eso es el folklore de la maternidad, para mi el lado B, transcurre sigiloso tragando saliva y silbando bajito, cuando todas las ideas que teníamos antes de ser madres, caen en picada con la dulce realidad de la cosa. Cuando nos invaden esos sentimientos que jamás antes habíamos sentido y que desde que nos convertimos en madre, aparecieron. Esos que ponen al descubierto miserias, carencias, historias pasadas, miedos e inseguridades. Esos, que no podes nombrar de lo intensos que son. Porque te ves ahí chiquita teniendo que ser grande. Por eso, tenernos compasión es un buen camino en este andar a contrarreloj que parecería, no permite descanso.

Lo más fácil de ser padres es ese folklore que nos quieren hacer creer acerca de qué es ser padres. Ojalá el colecho fuera lo más importante de la vida, los pies descalzos la receta de la felicidad y el brócoli con la mano la mágica solución a todos los problemas. Pero amigas, en mi opinión, eso son detalles. Criar hijos en este contexto tan complejo es una tarea ardua. En un mundo donde el que no corre, vuela y en el que bajar un cambio es un acto de heroísmo. Amar a tus hijos sin condición, tolerar la frustración de ellos y nuestra, encontrar el equilibro mental para regalar decisiones criteriosas. Superar los propios miedos, mostrarse como uno es, cuidarse para poder cuidar, armar y desarmar constantemente. Conectarse. Postergarse. Sufrir por lo que les pasa y no podemos cambiar. Eso, y mucho más, es para mi maternar. Y parece fácil, pero no lo es.

Así que por favor no nos apabullen con el reloj que nos persigue y el aprovecha cada segundo, que después crecen volando. Si por un rato miré el celular y no a ellos, por favor no me lo recuerden.

Cada etapa es maravillosa. Seremos madres hasta morir y más. Serán nuestros hijos siempre. Y es mentira que no querrán que los carguemos. El upa se transformará en abrazo, palmada, caricia. La teta en palabras de aliento y la mirada inocente, en cómplice cofradía.

Permítanos quejarnos un poco, equivocarnos y remendar. Somos seres humanos. Humanicemos a los niños y a las madres también. A algunas el rol les sale de taquito, a otras no les sale tan natural y aún así ahí estamos todas acompañando, conectando, refugiando como podemos, como nos sale.

Intento cada día dar lo mejor de mi. Intento. Me esfuerzo. Se que cuando conecto hay armonía, lo sé . Pero lamentablemente a veces no puedo con todo. Porque no solo ellos crecen volando, nosotros también. Y crecer también significa aprender. Y yo estoy aprendiendo.

Por eso, si hoy no tengo ganas de dibujar arcoíris de colores, cocinar galletas o jugar en el piso, por favor no me digas que crecen volando....porque aún sabiéndolo, hoy pido gancho y me desconecto de ellos un ratito para poder acompañar su vuelo, su metamorfosis, su crecimiento, un poquito más despojada de sentimientos que me incomodan y recargada con más energía, para sobrellevar esto que algunos llamamos disfrutar del viaje.

Autor: Flor the Flower

 
 
 
 
 



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